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Antecedentes históricos
Una de las primeras referencias al hecho de que el sonido se propaga en
el mar se debe a Leonardo Da Vinci, que en 1490 escribía: "Si paras tu
barco e introduces el extremo de un tubo en el agua, y aplicas el oído
al otro extremo, oirás barcos que se encuentran a gran distancia de ti".
Este primer ejemplo de sistema SONAR tiene en su sencillez, los
principios básicos de un sonar pasivo actual:
Todos los barcos al navegar producen ruido aunque no sean de motor. Se
detiene el barco propio para reducir el nivel de ruidos.
Se introduce un tubo en el agua para transmitir las ondas acústicas
desde el medio acuático al medio aéreo para ser captadas por el oído
humano.
La primera medición de la velocidad del sonido en el agua fue obtenida
en 1827 por el físico suizo Daniel Colladon y el matemático francés
Charles Sturn en el lago Ginebra. El resultado de su medida fue de 1434
mts./seg. que es muy precisa para la época en que se realizó dicha
medición.
Durante el siglo XIX y tras la enunciación del cálculo infinitesimal
Fourier formula las "series trigonométricas infinitas" y Ohm, aplica las
mismas para descomponer sonidos reales en series de tonos puros. Este es
un importantísimo descubrimiento ya que es la base del actual Análisis
en Banda Estrecha que permite la identificación precisa de la fuente que
genera el ruido.
En 1440 se descubre el fenómeno de la "magnetoestricción" que provoca el
cambio de la forma de algunos materiales cuando son atravesados por un
campo magnético y en 1880 Jacques y Pierre Curie descubren la
"piezoelectricidad", que es la propiedad de algunos cristales de
desarrollar cargas eléctricas en varias de sus caras al someterlos a
presión.
En 1912 Fesseden desarrolla el primer emisor submarino capaz de trabajar
como transmisor y receptor en el margen de frecuencia entre 500 y 1000
Hz. En 1914 tras la pérdida del TITANIC demostró la utilidad de su
invento midiendo la distancia a un iceberg situado a 2 millas de
distancia. La posterior aplicación de los amplificadores electrónicos a
las seqales captadas hizo que los sistemas no tuvieran que depender
exclusivamente de la sensibilidad del oido humano.
En 1915 Lord Rayleigh descubre que el oído humano es capaz de determinar
la dirección de un fuente sonora por la diferencia de fase o tiempo de
la onda sonora al llegar a ambos oídos, y se desarrollan sensores
biaurales para determinar la dirección de la que proviene el sonido.
Este sistema en funcionamiento en los submarinos alemanes causó graves
pérdidas a los aliados. El éxito obtenido propició la investigación con
sistemas ópticos, térmicos y magnéticos, siendo el resultado más
favorable el obtenido mediante el sonido.
En 1917 el físico francés Paul Lagevin usando un sistema piezoeléctrico
de cuarzo sintonizado a una fecuencia de 38 KHz., consigue formar un haz
de energía capaz de determinar la dirección y la distancia a un objeto
sumergido, llegando a detectar un submarino a 1500 mts. Por el mismo
periodo científicos ingleses dirigidos por Boyle trabajan en el secreto
proyecto ASDIC para la obtención de un sistema eficaz de detección
submarina.
Los primeros estudios sobre propagación se llevaron a cabo por
científicos alemanes en 1919 que descubren la influencia de la
temperatura, salinidad y presión en la velocidad del sonido y el
comportamiento de los rayos sonoros al atravesar estratos de distinta
velocidad de propagación.
El desarrollo de la acústica submarina se ralentizó considerablemente en
el periodo entre las dos Guerras Mundiales. Se había hecho un notable
esfuerzo para reducir el nivel de ruido radiado por los buques, por lo
cual las investigaciones se centraron en los sistemas activos.
En 1925 la empresa Submarine Signal Company presenta comercialmente el
primer sondador, aparato capaz de determinar la distancia al fondo desde
la superficie. Debido a que el tratado de Versalles no permitía a la
Marina Alemana tener submarinos ni aeroplanos, los estudios se centran
en la aplicación del SONAR como un sistema defensivo. El detenido
estudio de los ruidos emitidos por la maquinaria, hélice y ruido
hidrodinámico permite el desarrollo de nuevos tipos de barcos. El
resultado de su trabajo fue el GHC, un equipo de escucha que usaba la
técnica de formación de haces, esto es, el ruido proveniente de varios
hidrófonos se pone en fase retardando las de los adyacentes al elegido
como eje para formar una sola vía de audición. Uno de estos equipos se
montó en el crucero "Prinz Eugen" y fué decisivo para la evasión del
mismo de los masivos ataques de torpedos que después sufrió.
Desde el punto de vista científico el mayor logro fue la obtención de
conocimientos sobre el caprichoso comportamiento de la propagación del
sonido en la mar. Las observaciones realizadas por Steinberger sobre la
variación del alcance con la temperatura indujo a la invención de un
aparato capaz de medir la temperatura del agua a distintas
profundidades. En 1937 Spilhaus presenta este aparato llamado "Batitermógrafo".
Durante la Segunda Guerra Mundial se da un periodo febril en la
investigación de nuevas tecnologías y se retoma la acústica. En EE.UU.
se crea el NDRC (National Defense Research Commitee) responsable entre
otros del proyecto Manhattan con el que se fabricó la bomba atómica. La
sección sexta del NDRC realiza un amplísimo programa de acústica
submarina llevado a cabo principalmente por la Universidad de
California, el Laboratorio de Electrónica Naval de San Diego y la
Institución Oceanográfica de Woods Hole. La publicación al finalizar la
contienda de los estudios realizados constituyen aún hoy en día la base
de la acústica submarina.
Al final de la Segunda Guerra Mundial y debido a la aparición de la
Guerra Fría las investigaciones continúan en todos los campos. Entre
1944 y 1955 los trabajos de Shannon en EE.UU. y de Gabor y Woodward en
Gran Bretaña establecen las bases de la teoría de la información, que
aplicada junto a los nuevos desarrollos electrónidos de estado sólido
permite desarrollar equipos muy precisos en cuanto a la discriminación
del contacto, su distancia y la velocidad a la que navega.
Los trabajos de eminentes físicos como Knudsen, Wenz, Marsh, Urick y
otros identifican los orígenes y características de las distintas
fuentes de ruido ambiental existente en el océano. Los mayores logros en
este periodo son:
El descubrimiento del motivo de la atenuación a frecuencias inferiores a
100 Hz.
Determinación experimental de la absorción para frecuencias entre 100 Hz.
y 1 Mhz.
Medida de las pérdidas por absorción por rebote en el fondo.
Clasificación de las pérdidas y características del canal sonoro
profundo y superficial.
Conocimiento de la propagación en aguas polares.
Descubrimiento y explicación de las zonas de convergencia.
Obtención de diagramas de rayos sonoros y predicción de alcances.
Medida con gran exactitud de la velocidad del sonido en el agua.
La aparición de submarinos nucleares con capacidad de lanzar misiles
nucleares de largo alcance hace cambiar la situación táctica, ya no se
trata de detectar un submarino en las proximidades de un convoy sino de
vigilar grandes extensiones. Esto implica la vuelta a la detección
pasiva que permite mayores alcances. Se comienza a desarrollar grandes
redes de escucha submarina tanto fijas como remolcadas por los buques,
que además permite alejar la escucha del ruido propio; de este tipo son
los sistemas SOSUS (SOund SUrveillance System), TACTAS (TACtical Towed
Array Sonar) y SURTASS (SURveillande Towed Array Sensos System) entre
otros, utilizados en la actualidad.
Durante los últimos años se ha intensificado el estudio de bajas
frecuencias para detección a grandes distancias y se ha potenciado la
reducción al máximo del ruido emitido por los buques. Aparece el
análisis espectral de las frecuencias emitidas por un contacto para
permitir su exhaustiva clasificación, técnica denominada LOFAR (LOw
Frequency Analisys and Recording). La gran cantidad de señales existente
en el mar, tanto de origen humano como biológico que proporciona un
sonar moderno es gigantesca, por tanto la clave es descubrir un método
de proceso que permita eliminar la información no necesaria; para ello
se hace uso masivo de la informática y se emplean técnicas de
inteligencia artificial.
Nuevas investigaciones realizadas por el SACLANCEN, órgano de
investigación dependiente de la OTAN se dirigen al uso de sonares
activos de muy baja frecuencia, debido principalmente al aumento del
nivel de ruido en la mar y a la construcción de barcos cada vez más
silenciosos.
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